Parece que la desmedida constante emitida por acciones en donde las cuales no exista ninguna penalización nos conlleva a que:
Las matanzas racistas o los asesinatos de afroamericanos
cometidos por policías en Estados, y la impunidad que les favorece, al igual
que las estadísticas que señalan claramente la desigualdad, no solo en lo
socioeconómico sino en el trato que la propia justicia de la superpotencia da a
las minorías étnicas, no son casos aislados sino una constante.
En ese marco de discriminación racial se encuentra también
el desprecio del sector más conservador de Estados Unidos, compuesto por
blancos, fundamentalistas religiosos y afiliados al Partido Republicano, hacia
los inmigrantes, principalmente hacia los latinos.
Si alguna duda existe al respecto, basta observar el
inusitado crecimiento de la preferencia electoral de los eventuales votantes
republicanos hacia el multimillonario Donald Trump tras insultar a los
inmigrantes mexicanos, calificándolos de “violadores” y “asesinos”. Obviamente
lo de “mexicanos” engloba a todos los inmigrantes latinos.
Incluso antes de lanzar su candidatura se creía que
candidatos como Jeb Bush –hijo y hermano de expresidentes— sería el preferido
de los derechistas republicanos, pero junto a los demás aspirantes fue
inmediatamente superado por el disruptivo Trump, que ha hecho del extremismo
confrontativo su, hasta ahora, exitosa estrategia de campaña.
Eso, y todas las acciones extremistas adoptadas contra los
inmigrantes en varios estados de la unión americana, al igual que la
obstrucción en el congreso estadounidense de las medidas de alivio decretadas
por el presidente Obama, son una muestra evidente de que tanto el racismo como
el falso temor a quienes son diferentes –ya sea por el color de su piel, sus
costumbres, o el idioma que usan— son una realidad incuestionable en el Estados
Unidos de hoy.
Y es que en el fondo, mucha de la animadversión hacia el
propio presidente Barack Hussein Obama –a quien los extremistas estadounidenses
consideran un “comunista”, “musulmán”, cuestionando hasta su nacionalidad y
boicoteando su accionar en el congreso, ahora controlado por los republicanos—
quizás no es porque sea un liberal demócrata, sino porque es el primer
afrodescendiente que se convirtió en inquilino de la Casa Blanca.
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