viernes, 30 de octubre de 2015

San Fernando un caso turbio



Durante la última semana de agosto del 2010 fuerza de la Marina de México encontraron en una bodega a más de 74 cuerpos de inmigrantes ejecutados (en San Fernando, Tamaulipas) con las caras vendadas, heridas de bala en la espalda y otros incluso con el dichoso tiro de gracia. ¿Cómo inició todo esto?
Todo esto inició a través de un secuestro entablado por integrantes del grupo del crimen organizado en México mejor conocido como los “ZETAS” cuando secuestraron unos camiones donde transportaban a más de 74 inmigrantes de origen de Centro y Sudamérica, con el fin de asaltarlos pero al no contar con dinero les ofrecieron trabajar para ellos ofreciéndoles como paga 1,000 dólares quincenales lo cual muchos se negaron a la propuesta establecida por los integrantes de dicho grupo dando con ello a pie a vendarlos, los obligaron a apoyarse contra un muro y luego los balearon. Después les dieron tiros de gracia. En el lugar quedaron amontonados los cuerpos de 24 hondureños, 14 salvadoreños, 13 guatemaltecos, 5 ecuatorianos, 3 brasileños y un ciudadano indio. 58 hombres y 14 mujeres. Doce cuerpos siguen sin identificar. Sólo dos personas se salvaron: una que no ha sido identificada y un joven ecuatoriano que es quien ha permitido armar el rompecabezas de lo que ocurrió esa última semana de agosto de 2010: una de las mayores matanzas cometidas en la historia reciente de México y la peor contra inmigrantes.

El gobierno mexicano y el ecuatoriano -así como múltiples medios- había hablado de dos sobrevivientes: uno ecuatoriano, otro hondureño.

Entre los cuerpos de 58 hombres y 14 mujeres yacían dos migrantes que por el impacto perdieron la conciencia, pero despertaron: eran un salvadoreño y un ecuatoriano de 18 años. Este último relató los hechos anteriores.
Los sobrevivientes huyeron en distintas direcciones. El ecuatoriano escuchó que al salvadoreño lo persiguieron unas camionetas, luego disparos, e imaginó que había sido asesinado. Mientras tanto, buscó auxilio en una casa o intentó acercarse a los policías locales (algunos medios destacan que la narración no coincide en este punto), mas no lo ayudaron.
Caminó durante la noche. En la madrugada del 23 de agosto llegó a un retén de la Marina, donde dio aviso de lo sucedido. Al intentar ubicar por tierra el lugar de la masacre los marinos llegaron a un rancho en el que fueron atacados. Tres marinos y un miembro del cártel fallecieron. Un menor fue aprehendido, y después el sobreviviente lo identificó como uno de los secuestradores.
El día 24 a las seis de la tarde la Marina encontró los cuerpos en un rancho abandonado: los 72 parecían haber sido amontonados contra la pared de la bodega. “Reportes no confirmados indican que una o más de las mujeres víctimas estaban embarazadas. Las víctimas fueron encontradas sin ninguna identificación. Los tres camiones y el equipaje de los migrantes no fueron recuperados”, se lee en el texto.
En el comentario final, el diplomático que realizó el reporte señala: “Si el relato del sobreviviente es preciso, esto representa un nuevo nivel de violencia de Los Zetas”. Esto porque no parece haber una utilidad de estas muertes para ellos, ya que no pidieron rescate por sus secuestrados como acostumbraban.
“Una teoría planteada por –el nombre de la fuente está borrado– es que como las ganancias de la introducción ilegal de migrantes a Estados Unidos son destinadas al Cártel del Golfo, los asesinatos fueron la manera que Los Zetas encontraron para herir financieramente los intereses de CDG.”
La siguiente comunicación, del día 27, es un resumen de hechos de los últimos cuatro días.
El reporte menciona por primera vez la existencia de fosas comunes con migrantes. “Las autoridades mexicanas aún están buscando una posible fosa clandestina que contendría más de 200 migrantes. Se cree que los cuerpos están en San Fernando cerca de la garita aduanal de “Las Yescas”, entre San Fernando y Matamoros”.
Este aviso se dio ocho meses antes de que comenzaran a ser desenterrados casi 200 cadáveres, cuando los asesinatos sistemáticos no pudieron ser ocultados.
En septiembre, Matamoros y sus alrededores parecen vivir una guerra. El alcalde de Hidalgo ha sido asesinado; el Ejército y Los Zetas se enfrentan en Ciudad Mier; tres granadas de fragmentación hieren a 29 civiles en Reynosa. Los ataques ocurren a tres cuadras de un servicio funerario para los 72 migrantes y cerca de la morgue donde se depositaron algunos de sus cuerpos.
Más tarde se registra un ataque contra el hospital de la Marina donde se recuperaba el ecuatoriano que era el informante.
El día 2 de ese mes aparece el segundo sobreviviente de la masacre, quien, según informó el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) a los estadunidenses, se había desplazado solo a Matamoros y “supuestamente fue trasladado al DF para declarar”
En tanto, México intentaba limpiar su mala imagen internacional.
A raíz de ahí el gobierno buscó la manera de desviar la problemática y no darle a ver al público la realidad que estaba sucediendo en Tamaulipas ya que durante el 2011 y 2012 se desataron diversos secuestros a pasajeros de autobuses dando con esto a que los funcionarios del Gobierno del aquel entonces Egidio Torre Cantú decidiera a través de diversos medios locales hacer entender que en Tamaulipas la Seguridad era su Prioridad y que estaba siendo reforzada, cuando la realidad era que seguían apareciendo más cuerpos en diversas zonas de Tamaulipas dando con esto a que no eran solo los más de 70 inmigrantes asesinados, si no también durante los próximos meses al menos más de 145 cuerpos fueron encontrados, con esto se desató una problemática ya que los medios no revelaron esta información y se dieron a la tarea de difundir lo que el gobierno de Cantú apelaba en aquel entonces.

Hacía notar su fuerte preocupación por la Seguridad de Tamaulipas pero lo que realmente preocupaba más es que el gobierno federal y estatal se adjudicaba unos a otros la responsabilidad de lo que realmente estaba sucediendo en Tamaulipas. 

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